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Consejos para lucir un bonito bronceado sin quemarse

Lucir un notable bronceado es la obsesión de muchas personas en verano. Es el mejor momento del año para que nuestra piel gane un poco de color, pero no hay que volverse loco y olvidarse de cuidar la piel. Y es que la piel sufre mucho cada vez que acabamos quemándonos, en lugar de conseguir un bonito bronceado, y las consecuencias pueden ser tan graves como un cáncer.

Uno de los problemas más habituales es que no sabemos qué factor elegir para nuestro tipo de piel. Hay que recordar que el llamado SPF (Factor de Protección Solar) sirve para calcular cuántos minutos podríamos estar expuestos al sol sin quemarnos. Por lo tanto, debemos multiplicar el tiempo que nuestra piel tarda en quemarse por el factor de protección que aplicamos, y el resultado serán los minutos durante los que estaremos protegidos. Por ejemplo, si tu piel se quema tras estar 25 minutos al sol y te aplicas un SPF 20, estarás protegido unos 500 minutos -cinco horas- (SPF 20 x 25 minutos = 500 minutos).

Además de este cálculo, hay que tener en cuenta que hay cuatro fototipos de piel, en función de la cantidad de melanina, pigmento responsable de la coloración de la piel, pelo y ojos. El Fototipo I corresponde a pieles muy blancas, en algunos casos con pecas, y pelo y ojos claros. Casi siempre se queman y es muy difícil que lleguen a pigmentarse. Deben usar un SPF 50+ y tener una mínima exposición. El Fototipo II es el de las personas de piel clara y ojos tanto pardos como claros. Se queman con facilidad pero pueden llegar a broncearse. Deben usar un SPF 50.

En contraste, el Fototipo III corresponde a las personas de piel olivácea o morena, ojos oscuros y cabello castaño o moreno. Insólitamente representan signos de enrojecimiento frente al sol y se pigmentan con facilidad. Es recomendable que usen un SPF 30. Finalmente, el Fototipo IV corresponde a la piel negra. Es más difícil que se quemen y se broncean fácilmente. Con un factor de protección SPF 20 es suficiente.

También debemos tener en cuenta que no es lo mismo tomar el sol en Copenhague que en Sevilla. La localización geográfica importa porque, según el lugar en el que estemos, varía la cantidad de radiación solar que llega a nuestra piel.

Otro aspecto importante es la época del año y la hora del día, pues el impacto de los rayos UV en el mes de enero no es el mismo que en el mes de agosto. Por lo tanto, debemos tener más cuidado en los meses de más calor, en los que, además, nuestra piel suele estar más expuesta. También es recomendable no exponerse al sol durante las horas centrales del día, entre las 12 y las 16 horas, porque es cuando los rayos solares son más fuertes.

Finalmente, recordamos que la leyenda urbana de que en un día nublado no hace falta ponerse crema es totalmente falsa. Es cierto que llega un poquito menos de radiación que si es un día completamente despejado, pero llega lo suficiente como para quemarnos.

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